lunes 21 de febrero de 2011

Pensamiento

A veces me gusta simular que soy un ciego, que vivo en un mundo donde dependo de lo que oigo, lo que digo, y sobre todo, lo que siento. Me gusta sentirme radar, sentir que soy un fantasma en un mundo donde elijo el color de la forma; teniendo opciones, dentro de mis limitaciones.

Entonces así salgo, en cortos lapsos cierro los ojos y avanzo despacio.

Es curioso encontrar que todo fluye cuando paso como espectro en la cálida obscuridad del día. Me encuentro solo y sin miedo; todo es un mundo en armonía, todo sobre un ritmo complementándose como uno.

Todo sigue así, y me parece bien. Encontrar un mundo completamente nuevo, simplemente cerrando mis ojos; tal vez por eso cuando dormimos es cuando soñamos, tal vez por eso cuando morimos, nunca regresamos.

Y así sigo en mi camino, entusiasmado y al tanto de todo lo que está pasando. Puedo jugar con los colores y explicarle a mi mente que no todo es como lo veo; paso por un parque, paso las calles, cuento los postes, los escalones…

Ahora que sigo mi camino decido abrir los ojos, continúo por todas esas figuras que una vez fueron mi guía, avanzo hacia donde voy y continúo imaginando todos esos mundos que me faltan por explorar.

Llego a un pasillo, lo cruzo pensando, veo una puerta, te veo…

y me quedo sin habla…

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